Beso mojado

Mis labios mojados sienten la calidez y suavidad de tu cuello, mi lengua puede percibir el pulso que emite tu corazón acelerado por mis besos largos, profundos y húmedos. Veo tu rostro desfigurado, deseoso y lo miro con claridad. Observo cada peca de tu rostro, encuentro cada detalle que te hace hermoso.

Nuestros ojos se encuentran y se atrapan, nos convertimos en cíclopes. Nos atrapamos en un vórtice y no olvidamos del tiempo, de la vorágine de la vida mortal y sólo estamos los dos combatiendo lo finito que es este momento.   

Rozo tus labios gruesos, dulces y con sabor a Paleta Lollipop con mi lengua, los atrapo con suavidad entre mis dientes, los saboreo, juego a comerlos y sumergirlos entre mis labios. Me imagino en dibujar tu sonrisa y tus comisuras que te caracterizan.

Nos enganchamos de los labios y sentimos venir cada ola de más deseo, el mar de fluidos que creamos dentro de este carro nos moja y nos humedece la ropa interior, escucho con detalle tu respiración acelerada que me susurra tu excitación. 

Me miras frenético, te miro acelerada. Miro cómo tu pene está erguido, siento cómo lubrico.

Poso mis manos sobre tu cuello y replicas el acto, siento cómo sumerges tus manos sobre mi cabello con fuerza y juegas a surfearlo. 

Me sonríes, te sonrío. Me mudo a tu cuello y encuentro tu piel erizada. Te siento temblar y  redescubro el sonido del orgasmo. El beso más largo y más comprometido se calma. Voy lentamente apaciguando mis labios para darte el último suspiro después del éxtasis. Los cíclopes se vuelven humanos.

Nos damos el último beso, donde casi no rozamos nuestros labios y donde habita la tranquilidad y suavidad del deseo.


Por Bea.

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