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Comencemos por definir que el shibari es el arte de atar con cuerdas sensualmente, dramáticamente y eróticamente, que pretende transmitir emociones para quien lo realiza, quien se somete y quien admira.

Los orígenes se remontan a Japón en la dinastía Edo (1600 – 1878). Aunque con anterioridad ya se usaban las ligaduras de muñecas y pies como método de tortura, es durante este periodo que se desarrolla el arte marcial hobaku-jutsu, con el objetivo de atrapar y mantener retenidos a enemigos o criminales mediante las cuerdas.
Un dato curioso es que como cada familia de samuráis tenía su propia técnica, era viable poder diferenciar quién había realizado la atadura según el material y el tipo de ligadura. Así como también se podía identificar cuál era la clase social del detenido o el delito imputado.
Justo al terminar el periodo Edo aparecen las primeras imágenes de shibari, lo que lo llevaría de una técnica marcial y de tortura a lo que conocemos hoy en día.
Seguramente es algo que pasó por tu mente… Pues bien, la principal diferencia entre el shibari y el bondage es que este último generalmente solo está enfocado en la inmovilización de la persona atada. Por el contrario, el shibari es una práctica erótica que va mucho más allá, en donde importa bastante la estética, la geometría de las ataduras y que requiere de una técnica más avanzada.
Básicamente se podría definir como que el shibari “no consiste en atar a alguien, sino en atar con alguien”, por todo lo que implica.
Las ataduras suelen realizarse con cuerdas que tienen entre 7 u 8 metros, aunque algunos emplean también puntualmente cuerdas más o menos largas. ¡En meibi tenemos las cuerdas shibari de 10 m de largo!
El shibari siempre se realiza con cuerdas de fibras naturales, como puede ser cáñamo, yute, coco, arroz o algodón, porque son las más adecuadas para realizar las ataduras al no causar lesiones, porque la misma materia prima forma parte del conjunto estético que la disciplina requiere.

Sabemos que puede sonar como algo complejo, pero es importante siempre tener en mente que la práctica hace al maestrx. meibi, anímate a probarlo e innovar en pareja, ¡cuéntanos cómo te va o si tienes consejos para la comunidad!