¡Llegó el primer hijo! ¿Cómo cambió la sexualidad con mi esposa tras la llegada del primer hijx?

¿Se puede rescatar la sexualidad ante la paternidad?


Cuando supe que iba a ser padre, no me costó aceptar que mi nueva vida implicaría una serie de responsabilidades que se traducirían en pocas horas de sueño, intensas jornadas de trabajo y labores domésticas... y poco tiempo para la intimidad con mi pareja. 


Sin embargo, no contaba con lo difícil que sería apagar mi deseo sexual y menos con que, al menos en mi caso, se intensificaría al tal grado de tener una especie de nuevo despertar parecido a los tiempos de mi pubertad, con rachas de sueños húmedos, súbitas fantasías y erecciones incontenibles. 


En principio, no considero que este conjunto de sensaciones tenga una naturaleza negativa, pero se puede volver un problema en la vida de pareja, especialmente en los períodos previos y posteriores al embarazo. En el caso de mi relación, el deseo sexual de mi pareja se apagó considerablemente desde la etapa final del embarazo y ha durado casi dos años. 


Parte de esto se puede atribuir a la adaptación a un nuevo estilo de vida y padecimientos como la depresión posparto, que, en nuestro caso, definitivamente ha tenido un impacto importante. 


No obstante, la estrategia que yo había tomado durante este tiempo fue el quedarme callado y contener mis impulsos sexuales mediante la asistencia de la “mano amiga”.


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Estos remedios solo sirvieron como soluciones inmediatas que, de ninguna manera, eliminaron una represión de sentimientos que se fue convirtiendo en períodos de inexplicable depresión y estrés.


Fue hasta que me atreví a hablar con mi pareja, que descubrí que muchas de las cosas que solían funcionar en la cama antes de ser padres, han dejado de ser lo suficientemente placenteras para ella, quien ahora busca encuentros más pacientes, cariñosos y en un entorno romántico


Entendí que ya no podía abordar la sexualidad como antes, donde nuestra intimidad venía provocada por sensaciones más impulsivas y donde casi siempre estábamos a la par en el nivel de deseo sexual durante nuestros encuentros. Ahora, el poco tiempo libre que queda tras cuidar a un niño, tiene que ser utilizado con cierta garantía de que valdrá la pena. En otras palabras, si el sexo es mediocre, mejor vemos una serie, despejamos la mente en el celular, o simplemente, nos acostamos a disfrutar la calma.


Y aunque todavía estamos descubriendo la nueva forma de abordar nuestra nueva sexualidad, hay algunas cosas que han funcionado muy bien y nos dan esperanza. La primera es hablar sobre estos temas cada vez que se vuelve un problema. Simplemente, al hablar con mi pareja, comenzamos a buscar soluciones al declive de nuestra vida sexual. 


En segundo lugar, como padres de una niña que se despierta todas las madrugadas, hemos llegado a la conclusión de que el sexo de noche termina siendo forzado e incómodo por el miedo de ser interrumpidos ante los inocentes ojos de nuestra descendiente, por lo que estamos en proceso de ajustar nuestros horarios para tener encuentros diurnos. 


En tercer lugar, el uso de juguetes sexuales definitivamente ha sido una forma de complementar y garantizar que la experiencia no dependa por completo del desempeño y ánimo del otro.


Somos seres cambiantes y, siendo una parte inseparable de nuestra existencia, la sexualidad también se transforma con nosotros.

Sería ingenuo tratar de pensar que puedo tener una vida sexual tan activa como antes de ser padre, pero también es ingenuo pensar que puedo tener una vida sana descuidando mi sexualidad. 


La paternidad no tiene porque ser una trampa de la vida sexual, ni una excusa para reprimirla, sino que es una etapa de descubrimiento de un nuevo camino que solo se vuelve más interesante si se realiza en pareja.

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